28 de junio de 2011

Deambulando en las sombras (Parte 2)

La paja caía del techo lentamente. Cada trozo encendido que caía a la tierra recordaba a las desgracias acontecidas en la región de Arigua. El mismo fuego verde que consumía de a poco los trozos secos de plantas era el que había devorado incontables almas. El trozo de paja descendía suavemente hasta tocar la pierna del Avare sentado en el altar, a quien no parecía molestar en absoluto el calor de las llamas. Las llamas parecían provenir de un pequeño recipiente de madera, donde el color verde se concentraba.

Póra guasu, peñe'ena chéve. Pehechaukamína mba'epa ajapo arã[*]
fueron las palabras que salieron de la boca del Avare, en la lengua original, mientras sumergía su mano en la sustancia verdosa del recipiente e inhalando el humo del mismo color, casi espectral, que salía de él.


El místico éter se suspendió el el aire por un segundo, inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido por completo. No así las gotas de sudor que salían de la frente del hombre, ansioso por obtener una respuesta. Solo un momento después, el humo volvió a moverse y lentamente tomó forma. Los ojos del Avare se abrieron repentimente.

Un hombre jóven apareció frente a él, con rasgos familiares, aunque un tanto borrosos por la naturaleza de la sustancia de la que estaba formado. El sacerdote lo miraba fijamente, sin poder creer lo que veían sus ojos. Era la primera vez en que un espíritu se presentaba frente suyo de esa manera, si bien anteriormente había oído voces y tenido otros tipos de contacto con los ancestros, no era sino luego de largos rituales.

Se empezaron a escuchar sonidos, que fueron transformándose en bosquejos de palabras. Sin embargo, la figura etérea permanecía inmóvil. Solo su cuerpo humeante se movía, entregando parte suya al aire y reformándose de la sustancia verde del recipiente. Poco a poco, el sonido fue construyendo palabras, el Avare empezó a entender lo que quiso decir el póra.

—Mboky, escúchame. ¿Acaso no me recuerdas? —dijo la figura espectral, con una voz que parecía mezclarse con el ambiente en momentos, y sonar más alto en otros—. Si, eso es. Trata de recordar.

El amedrentado sacerdote parecía no tener idea de lo que estaba sucediendo en ese momento. Giraba al rededor suyo, como si estuviera buscando alguna respuesta en el entorno, pero no lograba encontrar nada. Cerró los ojos y bajó la cabeza, haciendo un esfuerzo por tratar de comprender la situación, mientras sentía un calor extraño que provenía del humo verde llameante. El éter parecía acercarse más y más a él, pero no se movió. Se acercaba cada vez más rápido y las gotas de sudor caían de su frente. El calor estaba tan cerca que evaporaba el líquido que chorreaba por la piel del Avare. Estaba a punto de hacerle lo mismo a su carne.

Pero abrió los ojos.

El humo retrocedió bruscamente, y la mirada de Mboky cambió totalmente. Con una cara que demostraba seguridad, y la expresión de su cara diciendo que ya había logrado comprender lo que sucedía en ese momento. —Tu eres Jahari, el hijo del cacique Kyse Ru. El mismo que murió de tristeza sobre el cuerpo de su amada— pronunció las palabras con una voz totalmente distinta.

—Así es, Mboky. Veo que me recuerdas perfectamente, y también recuerdas la situación en la que tuve que partir de tu mundo para este. Precisamente vengo a hablarte de Yrasêma— respondió el espíritu verdoso de Jahari —Verás, ella fue traicionada por su propio hermano. Cuando cayó enferma, Rupavê envió a Japeusa para que busque una cura. Pero el traidor de su hermano solamente le trajo su perdición.

El sacerdote se sentía confundido. No sabía por que Jahari le estaba hablando de esa historia. Mucha gente conocía lo que sucedió en ese entonces, pero las consecuencias para los Arigues fue mucho peor que para los Guaykurus. —¿Qué es lo que me estás diciendo? Todos sabemos lo que les pasó a la gente de Tavape luego de ese incidente. La muerte se cernió sobre ellos, y empezaron a caer uno por uno. Desde ese entonces ninguno de los Arigues pudieron seguir viviendo por mucho tiempo. Su tiempo de vida estaba limitado a unas pocas décadas— respondió con seriedad Mboky —La gente de Pytûkua decidió no tomar ninguna acción con respecto a tu muerte, pues hasta hoy día eres el único de nosotros que ha partido de este mundo.

El espíritu dibujó suavemente una sonrisa con el humo místico que lo componía —Claro, claro. Todo lo que dices es verdad, pero... ¿Qué hay de mí? ¿Acaso crees que yo he estado divirtiéndome en el Mundo de los Condenados? Tú mismo lo has dicho. No hay ningún otro Guaykuru en este lugar. Me han estado cazando por toda la eternidad— respondió Jahari.

—¿¡Cazando!? ¿Pero por qué? La gente de los dos pueblos no tiene ninguna diferencia, claro, sin contar la inmortalidad— preguntó con gran sorpresa el Avare. Con un cambio brusco de expresión, la sombra de lo que fue una vez el jóven hijo del cacique de los Guaykuru respondió —Eso es lo que TÚ crees. Nunca supiste lo que sucedía en este mundo, o al menos nunca te han contado la verdad. Pasaste tus días comunicándote con los mensajeros de Tupã, con los fieles soldados del ejército de Angatupyry. ¿Crees que ellos tienen algún dominio sobre los Condenados? No tienes idea de lo que he sufrido en este lugar.

—Tienes razón. No tengo la más mínima idea de lo que sucede en ese lugar. No tengo más remedio que creer en lo que dices. Después de todo ¿por qué contactarías conmigo si no tuvieses algo importante que hacerme saber? Haré lo que digas— respondío Mboky, bajando la cabeza y arrodillándose ante el espíritu en señal de sumisión.

En ese mismo instante, el humo que sostenía el espíritu del noble caído empezó a arder con más fuerza, transformándose en fuego en su totalidad, un fuego más verde que la cola del Muã.

—No te preocupes. Te aseguro de que terminarás disfrutándolo.

- - -

[*]: "Grandes espíritus, por favor hablen conmigo. Muéstrenme lo que debo hacer"

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20 de junio de 2011

Deambulando en las sombras (Parte 1)

El fuego de una antorcha proyectaba extrañas formas en las paredes de la cueva, que parecían escurrirse con una podredumbre fétida. El ambiente apestaba a muerte, y el aire sabía a pantano.


El pequeño animal yacía inerte sobre la roca tendida. En sus ojos, opacos por la ausencia de su póra, intentaban dibujarse figuras de los alrededores, pero no conseguían concretar una forma. No había rastro alguno de vida en él.

¿O había?

Nubes de color púrpura emanaban del suelo de la cueva, ascendiendo rápidamente como insectos arrastrándose por las piedras. Casi instantáneamente rodearon el cadáver, y penetraron en la piel carcomida por los gusanos. El humo misterioso llenó las cavidades del cuerpo, como si de nueva vida se tratase. Los orificios empezaron a aparecer sobre la piel, acelerando la descomposición. Las aberturas dejaron escapar parte del éter oscuro. El animal parecía quemado por fantasmas.

Dientes descompuestos y sucios aparecieron entre una sonrisa siniestra, alumbrada por la pobre luz de la antorcha. Al lado suyo, una cara joven dejaba ver su cansancio. Manos aún moviéndose, usadas para realizar el hechizo, temblaban exhaustas, pero a su vez liberadas de la presión de la magia.

"¡Muy bien! Hasta que pudiste hacerlo. Para serte sincero, no creí que pudieras aguantar las fuerzas de la magia oscura. ¡Mucho menos manipularla!" -se escuchó, mientras que el viejo daba palmadas en la espalda del agotado muchacho.

Entre suspiros, que más bien parecían un intento desesperado por respirar, su pupilo solamente levantó la mirada hacía el anciano, con una expresión que no revelaba ya mucho, pues los ojos tan púrpuras como el mismo humo que insufló en el cadáver no dejaban ver brillo alguno de su póra, si es que aún lo poseía.

"¡Pon atención a lo que estás haciendo! Fíjate en el apere'a. Parece que está empezando a moverse." -le contestó al gesto su mentor, seguido por una carcajada macabra.

La mirada del discípulo se volteó al pequeño roedor y su cara mostró una sensación de satisfacción al ver lo que sucedía frente a sus ojos.

Patas y cabeza retorciéndose de lado a lado. Esa extraña sustancia saliendo de su cuerpo, y emitiendo un olor aún más nauseabundo que el del propio lugar. La carne siendo consumida y a su vez regenerada en otros lugares, para volver a pudrirse y que crezca en un sitio diferente. La forma en que aparecía y desaparecía el tejido curiosamente iba en sincronía con las verdes llamas de la antorcha, que para ese entonces ya estaba por apagarse. Sus ojos empezaron a encenderse con el mismo color de las llamas. En poco tiempo, el ser pareció volver a cobrar vida.

La boca desprovista de algunos dientes y llena de otros putrefactos empezó a moverse de vuelta- "¡Ja! No se que podríamos lograr con una basura como esta. No es nada útil para el Cónclave, pero al menos ya sabemos que puedes manipular la magia y devolver la vida a cosas como esta. Necesitarás algo de práctica, pero al menos ya puedes decir que eres uno de los Pajes."

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5 de enero de 2011

La Invasión de Guayaibi - Parte 6(1)

"Ya te dije que las técnicas de los guerreros no son apropiadas para una niña como tú," decía Itaete a su hermana, en medio del pequeño e improvisado lugar de entrenamiento que había construido cerca de su morada. "¿Por qué dices eso? ¡Si yo puedo manejar a la perfección todas las técnicas que utilizas!" Respondió caprichosa Pykasu, haciendo pucheros con la cara. "¿Cómo que las manejas? Si no tienes la fuerza para usar las lanzas ni los escudos," dijo el guerrero, burlándose de su hermana pequeña. "Además, es la primera vez que vienes a verme practicar."


"No estés tan seguro de eso, kyvy," susurro Pykasu entre risitas. Claro, era obvio que con su naturaleza curiosa ella ya lo habría estado espiando en el pasado. No debería de sorprenderle el hecho de que se haya aprendido algunas técnicas solo con la observación.

"¡La próxima vez que me estés mirando a escondidas hazme el favor de avisarme!" Gritó algo enfadado Itaete, mientras seguía dando golpes al tronco de práctica con la lanza que tenía. "Pero, si te aviso... ¿no dejaría de ser a escondidas?" Preguntó inocentemente la pequeña Pykasu. Su hermano simplemente la miró con una expresión de confusión, y siguió practicando sus ataques.
"¡Si no vas a dejarme practicar me voy adentro!" Gritó finalmente Pykasu, dando media vuelta y entrando a la choza enseguida.

Itaete siguió entrenando, ignorando a su hermana y sus caprichos. Debía estar preparado, después de todo, aspiraba ingresar al grupo de guerreros que serían enviados a Tavapy para defender el cacicazgo de Arigua de los ataques enemigos. Con los ataques provenientes de los poblados Guaykuru, el Gran Cacique Amasunu había empezado a fortalecer las defensas de la región. El defender su tierra y sus seres queridos de las amenazas que pudieran atentar en contra de ellos era el deber de Itaete. Llegar a formar parte del ejército más grande de la nación era todo un sueño para él.

Desde muy pequeño, Itaete se encargó de proteger a su pequeña hermana y a su madre de los animales de la jungla y los enemigos de la tribu. Mientras que asestaba golpes con su laza, por su mente pasaban recuerdos de las veces en que el había defendido a su familia en el pasado.

"¡Kyvy! ¡Ayúdame!" Se escuchaba la voz de Pykasu, seis años atrás en la memoria de su hermano. Saltando entre las ramas de los árboles, Itaete se dirigía a gran velocidad al lugar de donde provenía la voz de su hermana. Lo único que uno alcanzaba a ver eran las hojas de los árboles cayendo luego de que el veloz rayo pasaba por allí. En un pestañeo, Itaete ya había localizado a Pykasu. Con un salto bajó de la rama en donde estaba, y observó el estado de su hermana. Alrededor de uno de los tobillos de Pykasu se encontraba una liana, atada de una manera que no podía ser natural. Probablemente era una trampa para algún animal, pensó el joven.

"¿Te encuentras bien?" Preguntó Itaete. "Creo... Creo que si, pero esta planta tiene espinas que están lastimándome," dijo en respuesta Pykasu, tratando de no preocupar a su hermano a pesar del problema que había mencionado. Tras una mirada más detallada, el joven pudo comprobar que efectivamente la planta era un tanto extraña. Se enredaba entre espinas y hojas, y parecía que los pimpollos de sus flores brotaban al contacto con la sangre de Pykasu. Lucía peligrosa.

"No te preocupes, yo te sacaré de aquí," le dijo Itaete para calmarla. Sacó la lanza que traía en su espalda, y cuidadosamente, cortó las ramas con la punta de piedra para liberar a Pykasu. Cuando por fin parecía estar libre, las espinas empezaron a crecer de vuelta y enredaron la pierna de la niña. Furioso, Itaete cortó una vez mas la extraña planta con la lanza, pero esta vez de la parte que no estaba enrollada alrededor del tobillo de su hermana. Un aro de espinas y flores quedó "adornando" la pierna la niña, pero a pesar de eso ya pudo moverse.

Sin prestar mucha atención a los detalles de la planta, Itaete y Pykasu desaparecieron rápido del lugar.

Esa planta. Itaete nunca había entendido lo que era esa planta. Sin importar eso, ya no suponía un riesgo para la chica. Después de poco tiempo, las espinas habían desaparecido, dejando a en su lugar hermosas flores que nunca marchitaban. La tobillera de flores se había convertido en un rasgo característico de Pykasu luego de tanto tiempo. Sirvió para complementar la increíble belleza que ostentaba.

Con un golpe de su lanza afilada, Itaete sacudió su cabeza, volviendo al presente a su arduo entrenamiento. Debía seguir volviéndose más fuerte para continuar sirviendo a los seres que amaba.

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5 de noviembre de 2010

Palabras de H. P. Lovecraft

"La cosa más piadosa en el mundo, creo yo, es la inhabilidad de la mente humana para correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de negros mares de infinito, y no estaba supuesto que viajemos lejos. Las ciencias, cada una expandiéndose en su propia dirección, nos han lastimado en el pasado; pero algun día el armado de conocimiento desasociado nos abrerá tan aterradoras vistas de la realidad, y nuestra posición aterrorizante dentro de eso, que o nos volveremos locos por la revelación o escaparemos de la luz en la paz y seguridad de una nueva edad oscura."

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18 de octubre de 2010

La Invasión de Guayaibi - Parte 5

La noche pasó tranquila y sin disturbios. Los recuerdos de la profecía de los póras se iban mezclando con los sueños en las mentes durmientes de los hermanos. Las hamacas donde reposaban se mecían con la brisa que penetraba los finos muros de paja. Tanto Itaete como Pykasu se encontraban en un mundo diferente.

El mundo de los sueños es misterioso. Así como las profecías se manifestaron esa noche de forma corpórea, los Avares tenían visiones en sus sueños todo el tiempo. El pueblo de Arigua creía que cuando uno duerme, su alma viaja a una especie de "dimensión diferente", dónde estaban en contacto con las fuerzas primordiales del universo. Recientemente también habían descubierto que esa era la morada de los póras de sus ancestros.

El mundo de los sueños estaba compuesto por ambas esencias, tanto la luz y la oscuridad estaban presentes, igual que en él yvy, o mundo físico. Dos grandes territorios dividían el mundo de los sueños: "Ñasaindy Retã", o el Reino de la Luz y "Ã Retã", o el Reino de las Sombras. Sombras que normalmente no se manifestaban, pues siempre eran abatidas por las flechas vigilantes de Kerana. La diosa del sueño era quien desterraba a las pesadillas que intentaban invadir Ñasaindy Retã para cobrar las almas de aquellos que descansaban pacíficamente.

Itaete y Pykasu siempre fueron resguardados por los haces luminosos que lanzaba el arco de Kerana. Sus sueños se mantuvieron tranquilos una vez más esta noche.

El sol se alzaba tras las copas de los árboles más altos del bosque, y empezaba a iluminar los rostros de aquellos que se ponían en marcha varias horas antes de que Kuarahy empiece su marcha por el yvága. La gente que trabajaba en los campos de cultivo y los que cuidaban los animales de corral estaban desde muy temprano con sus quehaceres.

Recién a la hora donde la luz empezaba a opacar las tinieblas pueden empezar a trabajar los recolectores de frutos. Adentrarse en el bosque a las horas del pyhare era algo que no muchos intentaban. Todo tipo de peligros aparecían por las noches entre el interminable laberinto de árboles. Depredadores y animales ponzoñosos eran preocupación de toda la vida, pero últimamente los espíritus elementales empezaron a manifestarse. Las Ka'a Jarýi confundían a los montaraces con melodías para perderlos en la selva. Las figuras femeninas correspondían al grupo de los elementales de la tierra. Pasha Mama también protegía todo espacio verde, y con ella sus Ka'a Jarýi.

A pesar de todos estos peligros, los recolectores de frutos se adentraban diariamente a juntar provisiones para la gente de la aldea. En ese día, una vez mas salieron a hacer su trabajo. Eran cinco personas en este grupo. Dos viejos experimentados, con barbas blancas y la cabeza calva ya; y tres más jóvenes con energía y vigor, listos para correr de cualquier peligro cuando necesitasen. Los ancianos eran conscientes de que si esto llegase a ocurrir, su vida se encontraría con un brusco final, y que Te'o Jára los llevarían por el Yvága Rape, como era el destino de todos.

Los viejos salieron primero como de costumbre, para poder guiar a los menores, pues ellos ya sabían el camino, por su experiencia de los años. Fueron caminando por los sinuosos senderos que habían trazado por sus pasos reiterados en esos lugares, juntando los frutos que podían y deshaciéndose de las alimañas que suponían un peligro para su misión. Nada extraño había aparecido hasta el momento. Hasta el momento.

Uno de los jóvenes se había dado vuelta, creyendo que vio alguna especie de baya de color carmín. Se dirigió al arbusto donde pensó haber visto la fruta, solamente para encontrarse con un par de pequeños ojos rojos que lo observaban fijamente. Parecían contener fuego en su interior, pues emitían un brillo característico de las llamas de las fogatas. Al dar un paso adelante, una pequeña criatura se reveló. Tenía una apariencia muy extraña para los ojos del muchacho que lo miraba en ese momento. Orejas largas, como las de los guanacos del Gran Chaco, cuatro patas, como si se tratase de un animal, pero el torso para arriba se veía más bien humanoide, y al final de su cuerpo, una cola que terminaba en forma de flecha. Rara apariencia sin duda alguna.

El muchacho levantó su mano, acercándola al pequeño engendro, para acariciar su cabeza. Al instante, los ojos de la criatura empezaron a despedir el fuego que tenía dentro, llegando hasta la mano del joven e incinerándola como si de un madero se tratase. Enseguida, el fuego se expandió por todo su cuerpo y consumió su carne de una manera devastadora. En poco tiempo, también los huesos quedaron reducidos a cenizas. Por alguna razón, el muchacho no pudo dar un solo grito de agonía. Probablemente el pequeño demonio lo había silenciado.

El resto del grupo de recolección enseguida volvió atrás a ver que había sucedido con su quinto integrante, solo para encontrarse con un montón de cenizas, y a la criatura que transformó en eso a su amigo. En el momento que los cuatro recolectores que quedaban dieron un paso al frente en el lugar del incidente, un gran número de seres similares aparecieron detrás del que ya estaba allí, y junto con ellos unas personas de aspecto extraño. Sin tener tiempo de fijarse en lo que estaba en frente de ellos, los cuatro desafortunados trabajadores fueron incinerados por las llamas de los diablillos.

El viento se llevo los restos de los recolectores, mientras los macabros seres y los humanos extraños dieron vuelta en dirección de la aldea de Guayaibi.

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13 de septiembre de 2010

Within Temptation: No es Evanescence, tampoco Nightwish

Una de mis bandas favoritas. Luego de haber escuchando por unos pocos años prácticamente solo Evanescence (inb4 fail gothfag) me llamó la atención este grupo, luego de haber escuchados algunos temas de mi amiga Marian.

Ciertamente me atrapa su estilo "semi-operesco" (Si, acabo de inventar esa palabra. Kudos por mi, yay!), y los tonos de voz que puede alcanzar Sharon Den Adel, la bella vocalista del grupo.

Les invito a escuchar estos dos temas que están entre mis preferidos (Lo siento, no son videos musicales. Son temas perdidos de los álbumes, pero ciertamente bastante interesantes):



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30 de agosto de 2010

La tierra sin mal - La invasión de Guajaivi: Parte 4

A medida que se disipaba la humareda que quedó tras el terrible augurio de las bestias sagradas, los Avare empezaron a retirarse a sus aposentos. Si bien estaban demasiado preocupados por el aviso de los póras, se supone que en situaciones como éstas ellos deben de ser los únicos en saber acerca de las malas noticias. Despacio iban entrando a sus chozas a meditar acerca de lo que habían oído.

Pero si de oír hablamos, Pykasu y su hermano Itaete ya habían oído más que suficiente. Sabían mucho más de lo que les correspondía. Ni siquiera el cacique tenía conocimiento de lo que sucedió esa noche.

Enseguida Pykasu tuvo la necesidad de preguntar a su hermano algo: "Itaete, lo que pasó esta noche..." -dijo. "No es de nuestra incumbencia." -respondió cortante Itaete. Con una mirada aún algo confusa Pykasu siguió con sus cuestionamientos: "Pero hermano, ¿acaso no escuchaste lo que dijeron los póras?". Seguidamente respondió Itaete: "Claro que lo escuche, pero sabes que no sabemos de que estaban hablando. La forma en que hablan los dioses no es algo que nosotros entendamos."

Pykasu no estaba contenta con las palabras de su hermano, pero de todas maneras su agitada mente se tranquilizó por un momento. Un momento que únicamente bastó para que pueda acostarse en su hamaca para dormir, por que enseguida tuvo otra pregunta para Itaete, quien ya se encontraba listo como para descansar desde antes de ver el ritual.

"Kyvy, si eres un guerrero, ¿por qué no piensas hacer algo en contra del mal que se acerca?" -insistió Pykasu. "Simplemente por que no es un problema que nos concierne, reindy. Los Avares saben como solucionar esto por si mismos. Nunca nos han defraudado a la hora de invocar la bendición de Ñande Ru ante los Guaykuru." -dijo con seguridad y una sensación de fastidio Itaete. Como era de esperarse, Pykasu aún no lograba aclarar todas sus dudas: "Pero, ¿por qué reaccionaron de esa manera los animales del tótem? ¡Nunca había pasado algo así antes!" -dijo, a lo que su hermano respondió: "¡Por Tupã y todo el Yvága! ¡¿Crees que lo se todo?! Deja de hacerme preguntas que sabes que no puedo responder. Ya te dije que es asunto de los Avares. ¡Duérmete ya!" -dio como última respuesta el joven guerrero.

Pykasu seguía con dudas, pero no se atrevía a volver a molestar a su kyvy. Simplemente obedeció lo que le dijo: se dio la vuelta y trató de conciliar el sueño lo más rapido que pudo.

Esa noche pasaría para todos como cualquiera, incluso ahora debería de ser así para los hermanos. Lo cierto es que eso estaba lejos de ser solamente un asunto de los Avares, y mucho menos algo sin significado...

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24 de agosto de 2010

La tierra sin mal - La invasión de Guajaivi: Parte 3

De la tierra parecía emerger la esencia de Pasha Mama misma, envolviendo a la figura del Tatu. De a poco, las hendiduras en la madera fueron llenadas con lo que parecía ser el espíritu de todas las cosas vivas. En momentos, la colosal figura de un armadillo feroz había sido despertada.

Con un único aliento, el póra de Tatu recitó las primeras palabras de lo que más adelante sería conocido como "La Profecía de la Perdición": "Ni las rocas, ni la arena, ni el pasto verde que crece sobre mis espaldas va a escapar de la furia. La destrucción y el caos reinaran sobre estas tierras. La corrupción hundirá en las entrañas mismas del abismo las almas de aquellos que alguna vez llamaron iguales".

Habiendo dicho esto, las gemas de sus ojos se apagaron. Volvió a quedarse inmóvil, y regresó a la base del tótem por debajo de la tierra.

Segundos después, se escucharon los cantos de las Ka'ajarýi en el bosque. Con el viento suave de la noche llegaron las notas de sus voces. Sonidos que no parecían evocar nada bueno, pues parecían más bien un susurro, cosa que no era común en absoluto viniendo de las protectoras del bosque. Aún así, las notas esta vez fueron las que insuflaron vida en la figura de Mbói.

Como una rama que crecía de la madera seca, su bífida lengua emergió de la figura, y fue la que trajo las siguientes palabras de la Profecía: "La traición no será algo extraño entre los hombres de estas tierras. De la oscuridad llegarán los demonios y con ellos los hombres que los trajeron, pero nadie notará diferencia alguna entre estos y sus esbirros del inframundo, pues se habrán convertido en uno solo. Las almas de los mortales y las alimañas del averno serán solo una".

Con las primeras gotas de miedo empezando a sudar de las frentes de los Avare, Mbói volvió a enroscarse en su lugar. Metió su lengua de vuelta en la boca, boca que los Avare seguramente no querrán que se vuelva a abrir.

Enseguida, de las llamas de la hoguera empezaron a saltar chispas y más chispas. Pequeñas estrellas que formaron de a poco lo que parecía ser el pelaje de un zorro. El póra del Aguara despertó rojo como las ascuas de Pytajovái. Ni siquiera la furia del monte Lambare podía compararse con las llamaradas que envolvían al gran Aguara.

Como un rayo Aguara empezó a correr alrededor de los Avare, creando una jaula feroz. Un círculo de llamas rodeaba por completo el sitio del ritual. En un salto relampagueante, Aguara saltó a la foguera, y empezó a traer más malas noticias: "La Naturaleza no habrá de quedarse sin ser afectada. Como el fuego de la ira en los corazones de su gente, el fuego que se encuentra en lo profundo de la tierra surgirá al mundo a causar el gran cataclismo. El Gran Señor de los Pasos Ardientes será quien encabezará la marcha".

Al callar Aguará, instantáneamente un gran rayo cayó en el patio ceremonial y con su característica agilidad, se retiró apresuradamente corriendo por el camino de luz que dejó el relámpago. Una intensa lluvia siguió a este suceso, que apagó por completo la fogata.

Los Avare presintieron que esto fue una mala señal. Enseguida la desesperación se pudo hacer notar en sus ojos, aunque estos permanecieron en silencio. El ritual no debía ser interrumpito.

Cada gota de la lluvia machaba el piso, y la escoria de la hoguera parecía conmutar con el agua que caía del cielo. Una extraña mezcla de cenizas y líquido cubrió la estatua de Jaguarete. El gran jaguar había llegado.

Como los otros póras, también trajo sus propias palabras: "El Gran Señor de los Pasos Ardientes traerá a este mundo miseria. Miseria que será producto de la unión de los hombres y los demonios. Miseria que será el resultado de una profanación. Miseria que acabará con los que habitan este mundo. Siete días solamente serán necesarios para que todo lo que conozcan cambie de forma, para que los elementos entren en guerra con los hombres y los demonios. El Todo ordenará al Cazador de los Ríos, el Alto Amo de la Lluvia que limpie este mundo de corrupción. Que apague los fuegos de la guerra y que vuelva a dejar todo como se encontraba antes."

Aún más asustados quedaron los Avare luego de esta parte de la profecía. Pero no hubo tiempo para pensar en nada, pues al terminar Jaguarete sus palabras, un gran torbellino aterrizó sobre ellos, disipando todos los restos de cenizas que cubrían a la figura del jaguar. Hielo de las nubes cubrió al gran Taguato, y con una chispa de un rayo sus ojos empezaron a brillar. Estaba listo para hablar. Esta sería la última parte de la terrible predicción que los Dioses mandaban al pueblo:

"El temor en sus ojos se hace notar, sacerdotes, pero no debéis de tener miedo alguno, pues no todo esta perdido. Los espíritus solamente hemos venido a decirles que sucederá si no hacéis nada para evitarlo. Está en manos de vosotros cambiar esto. En vuestra aldea iniciará todo. Cuatro almas serán las que traigan paz al mundo. El orden de los elementos será traído por quien pueda blandir la fuerza del cosmos. La Ira de Fuego. El Paso del Viento. La Fuerza de la Tierra. El Poder del Agua. Todos serán necesarios para que esta tragedia no se cumpla. Al final la Madre del Éter será quien selle a las siete pestes con la ayuda de los elementos. Recordad, Sacerdotes Avare de Guajaivi".

Y como había llegado, también se retira. El viento se encarga de hacer ascender el espíritu del águila al firmamento una vez más.

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23 de agosto de 2010

La tierra sin mal - La invasión de Guajaivi: Parte 2

Al rededor de la fogata, los ancianos de la aldea convocaban a los póras guardianes. Las gemas que tenían por ojos los animales del tótem parecían arder con el mismo fervor del espíritu de sus pares vivos. Las llamas ascendían hasta chamuscar las hojas de tajy y hacer caer algunas flores, que dejaban una esencia única en el ambiente. Parecía ayudar a borrar la línea que separa este mundo con el otro.

A un costado de la ceremonia, en una pequeña choza, la jóven Pykasu permanecía escondida detrás de una tela que tenía como puerta. Miraba la manera en que los Avares realizaban su extraño ritual. Parecía estar asombrada de todas las palabras que hilaban para formar sus conjuros. Ni siquiera cuando visitaba la playa del Ypoa en la época de festivales había escuchado cánticos tan extraños de boca de los Chamanes de las islas.

La curiosidad era un aspecto innato de la personalidad de Pykasu, y para su conveniencia siempre era sigilosa. No había un asunto en la aldea del que ella no se enterase. Por fortuna esto simplemente era mera curiosidad, pues toda la información que adquiría de su improvisado espionaje era sólo para ella. No acostumbraba a comentar nada de lo que sabía.

No pasó mucho tiempo antes que una figura un poco más alta que ella apareciera cerca. Su hermano, Itaete, hizo presencia. Siempre cuidaba que Pykasu no se meta en apuros. Conocía la naturaleza suspicaz de su hermana, y tomaba las medidas necesarias para que esto no le resulte problemático.

El fuego del ritual reflejaba las sombras de los dos en las paredes de takuara de su precaria choza, subiendo hasta llegar a la paja deshilachada que tenían por techo. La figura de Itaete reflejaba el hombre fornido que era. Como un guerrero de la aldea, tenía bastante desarrollada la musculatura, al menos lo suficiente para poder valerse por la selva y enfrentar a los animales y guerreros enemigos que se encontraban allí. La sombra de sus cabellos largos y lacios danzaba cual llamas ceremoniales.

Como una extensión de la suya, la figura de Pykasu dibujaba una porción de tinieblas entre las luces del lugar. Era notable la diferencia entre ella y su hermano en cuanto a la estatura, pero lo compensaba con una belleza extraordinaria. Si bien no era notable en el trazo que dejaba en la oscuridad, durante el día atraía más de una mirada.

Luego de poco tiempo, ya no parecía haber sombra alguna en la pequeña aldea. Las llamas ascendieron alto hasta cubrir todo el tótem. Los póras estaban listos para acudir al llamado.

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Trataré de actualizar diaramente, espero y lo disfruten ;)

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22 de agosto de 2010

La tierra sin mal - La invasión de Guajaivi: Parte 1

En esta ocasión me gustaría presentar este pequeño proyecto de mi autoría. Es un conjunto de publicaciones en el blog que van a ir saliendo paulatinamente como capítulos de una historia. Ya habrán leído un pequeño trasfondo anteriormente acerca de esto, así que les invito a que sigan con la lectura de la historia.


Al suroeste de las tierras de Arigua, bajo la sombra de los árboles más altos se encuentra la Aldea de Guajaivi.

Desde que Kuarahy salía en las primeras horas del día a iniciar su cacería, los habitantes de Guajaivi trabajaban sin cesar. La mayoría de los aldeanos eran agricultores. Labraban la tierra con sus precarias herramientas para hacer crecer de ella el alimento para sus familas. Los avaré nunca dejaban pasar de largo los largos rituales para que Pasha Mama siempre les de su bendición. Como diosa de la tierra estaba a su cargo la manera en que las plantas crecían, así como también hacer que el suelo sea fértil y rico. Los pocos trabajadores que no se dedicaban a sembrar el suelo, salían al bosque a buscar frutos. Conocían bien los dominios de la selva, y los lugares donde crecían las frutas favoritas de su gente.

Además de los agricultores, también Guajaivi era conocida por sus valientes guerreros. Si bien la aldea mantenía un carácter pacífico, era la fuente de los más bravos combatientes para los ejércitos de Arigua. A diario los guerreros de Guayaibi entrenaban en un pequeño campo a las afueras del pueblo. Allí tenían diversos tipos de equipamiento que utilizaban para afinar sus habilidades de combate. Desde troncos puestos a modos de maniquíes, hasta trozos de carne atados por los ysypos atados por los árboles. Cualquier guerrero guaraní estaría contento de poder entrenar en ese lugar junto con los bravos de Guajaivi.

Al caer la noche, la única luz de una hoguera en el medio del patio ceremonial de la aldea iluminaba los techos de las chozas de paja, que como campos de avati brillaban ante las sombras del pyhare. Los avare ya se encontraban en ronda frente al gran tótem de los aspectos. Los animales guardianes de la aldea parecían cobrar vida en medio del ritual que ejecutaban los avaré. El la base estaba el fuerte Tatu, el armadillo, símbolo de la resistencia y la robustez. Enroscada sobre este se encontraba Mbói, la serpiente, representante de lo que no podemos ver, brindadora del sigilo. Justo en el medio se hallaba Aguara, el zorro, quien, creían ellos, podía cambiar de forma, y nunca ser percibido entre las personas. Aguara era especial, pues ellos lo consideraban como un vigilante eterno que envió Tupã. Le seguía en orden el fuerte Jaguarete, el jaguar dueño de la fuerza de los guerreros. En combate, éstos invocaban la fuerza de Jaguarete para que les de valor a la hora de enfrentar a sus enemigos. Sobre todos estos se encontraba siempre vigilante Taguato, el águila arpía. Taguato era la encarnación de la voluntad de Tupã, quien se encargaba de hacer cumplir sus deseos desde el yvága.

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Me gustaría tener una pequeña opinión acerca de esto antes de seguir. Quizás con eso ayuden a mejorar la calidad de la redacción y puedan disfrutar de una mejor historia. Gracias :)

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9 de agosto de 2010

El Alma




Piensen en un disco duro.

Uno puede tener toda la información que quiera (en este caso limitada por el espacio físico del medio mencionado), y la puede copiar a otros soportes de almacenamiento.
¿Qué sucede si ese medio deja de funcionar?

Toda la información contenida en el disco queda inutilizable. Deja de existir en esa forma. No se levanta como un orbe de energía a ir al "cielo de los bits".

Pero... ¿Acaso no podemos hacer una copia de seguridad de los datos para ponerlos de vuelta en otro disco duro?

¡Claro que sí!

Esa es la parte importante. Realmente el disco duro que teníamos no importa contal de que guardemos la información como una copia.

Así mismo sucede con el alma de las personas. Una vez que cesan nuestras funciones vitales, la sinapsis en nuestras neuronas deja de suceder, y toda la información contenida en nuestro cerebro básicamente "se borra".

Pero, ¿qué es el alma en realidad? Simplemente es toda la información que teníamos dentro.
Hacemos exactamente lo mismo que haríamos con nuestros juegos, música, videos y documentos en general. Copiamos a otro "disco".

En este caso, transmitimos la información conocida por nosotros a otros seres humanos. El transmitir nuestras ideas hace que la humanidad crezca.

Mucha gente quizás se pregunte, si esto fuera verdad, ¿cuál sería el objetivo de vivir, sin un alma?

La respuesta es sencilla. Perpetuar nuestro conocimiento y vivencias por medio de la comuniación. Todo se gasta. Todo se muere. Lo importante es haber guardado lo producido.

Seamos almas inmortales habitando las mentes de nuestro prójimo. Compartamos nuestro conocimiento.

Una persona no está hecha por su forma física, sino por lo que piensa y cree.

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2 de agosto de 2010

Cataclísmico: Gilneas y los Worgen - Parte 1

En World of Warcraft: Cataclysm la raza Worgen finalmente será jugable, y como ya se ha sabido por algún tiempo, su zona de inicio será la nación humana de Gilneas, ubicada en una península al sur del Bosque de Silverpine.


La Nación de Gilneas



Gilneas participó en la Segunda Guerra contra la Horda como miembro de la Gran Alianza de Lordaeron.

Gobernados por Genn Greymane, los ciudadanos de Gilneas rompieron lazos con la Alianza en un momento dado durante la Segunda Guerra, con el argumento de que "La Alianza necesita más de Gilneas de lo que Gilneas necesita a la Alianza", aislando así su nación del mundo exterior mediante el Muro de Greymane.

Cuando el Azote ataco las tierras de Lordaeron y su máquina bélica avanzó hacia el sur, los ciudadanos de Gilneas pidieron ayuda a un Archimago del Kirin Tor, nacido en Gilneas, para que los ayude a defenderse de los muertos vivientes. Este mago era Arugal.

Arugal y el Libro de Ur




Arugal había estado leyendo un libro que había sido escrito por Ur, un mago de Dalaran. Este libro trataba acerca de unos seres de aspecto lupino, llamados Worgen.

En el momento que Archimonde y el Azote atacaron Dalaran durante la Tercera Guerra, Arugal tuvo que escapar de la ciudad mágica para salvar su vida. Huyó hacia el Bosque de Silverpine, resguardándose en el castillo de la familia Silverlaine, sobre la aldea de Pyrewood, donde seguiría con sus estudios patrocinados por el Barón Silverlaine.

Frustrado por no lograr nuevos descubrimientos en las artes arcanas, Arugal se volcó a su investigación acerca de los Worgen, y siguiendo las enseñanzas de Ur, logró convocarlos a Azeroth. Los Worgen asesinaron a la familia Silvermane, así como también lograron defender las fronteras de Silverpine del Azote, asegurando de esta manera la seguridad de la nación de Gilneas.

Luego de que Arugal haya tomado control sobre los Worgen, se adueño del castillo de los Silverlaine y lo llamó Castillo Shadowfang, en honor a sus nuevos "hijos".

Lo cierto es que esto no duraría mucho, hasta que intrépidos héroes desconocidos decidieran poner fin a su reinado, liberando al Castillo Shadowfang y a la tierra de Silverpine de la amenaza de Arugal.

La Guadaña de Elune




Arugal no fue el primero en invocar a los Worgen. La Guadaña de Elune es un artefacto entregado a la Sentinela Velinde Starsong por la mismísima Elune, para defender las tierras de Felwood de los invasores demoníacos. Usando los poderes de la Guadaña, Velinde también pudo controlar a los Worgen en principio, pero luego se dió cuenta de que a pesar de que ella no usara los poderes de la Guadaña para invocar las Worgen, ellos continuaban apareciendo.

Velinde entonces emprendió una búsqueda para encontrar información acerca de las bestias. Como había escuchado de la investigación de Arugal, fue a los Reinos del Este a buscar su ayuda.

Primeramente se dirigió al puerto de Ratchet para pasar a la Bahía del Botín y seguir al norte hasta llegar a Silverpine, pero en su camino por las tierras de Duskwood, la Guadaña desapareció misteriosamente, junto con su portadora.

El paradero de Velinde es desconocido hasta los días actuales, pero el destino de la Guadaña siguió un largo camino incluso después de eso.

Un habitante de Raven Hill en Duskwood, llamado Jitters, encontró la Guadaña en la mina al sur de Grand Hamlet (posteriormente Darkshire), y una vez más los Worgen aparecieron en Azeroth gracias a la imprudente acción de este inconsciente hombre.

Las bestias asesinaron a todos los compañeros de Jitters, y se extendieron por Duskwood, llegando a la granja Yorgen, donde mataron a toda la familia que la habitaba. Solamente pudo escapar Sven Yorgen.

Desde el Paso Deadwind, los Jinetes Oscuros vinieron en búsqueda de la Guadaña, causando terror en Duskwood.

Lo cierto es que no lograron encontrarla, y años después, durante la Guerra de los Baldíos Helados, el artefacto apareció en posesión de los traperos de las Colinas Pardas en Northrend. Nadie sabe muy bien como sucedió esto, pero con la resurrección del Archimago Arugal por parte de los Príncipes San'layn del Azote, nació un nuevo culto entre los traperos.

El Culto al Lobo volvió a traer la amenaza de los Worgen al mundo, esta vez en Northrend, pero de nuevo no sería por mucho tiempo, pues más aventureros pondrían un fin definitivo al espectro de Arugal.

Uno de los traperos de la zona, Ivan, fue el último en poseer la Guadaña hasta el final de la Guerra de los Baldíos Helados.

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Con esto concluye la primera parte del trasfondo de los Worgen. La próxima vez: Lo que pasó en Gilneas, El futuro de la Guadaña y los Druidas de la Jauría.

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30 de julio de 2010

Cataclísmico: Los Tol'vir

Bueno, voy a empezar esta sección acerca de las distintas cosas que nos trae la expansión nueva de World of Warcraft: Cataclysm.

En esta ocasión voy a hablar un poco acerca del trasfondo de una de las nuevas razas que aparecen: Los Tol'vir.

Los Tol'vir son una raza de "gente-gato" que vigila las ciudades de Uldum. Son construcciones titánicas, así como los Earthen y los Gigantes.

Muchos ni siquiera habrán escuchado hablar acerca de estas criaturas. La verdad es que nunca habían aparecido en WoW hasta ahora. No al menos con ese nombre, pues de hecho ya hemos visto señales de ellos desde Warcraft III.





En la tercera entrega de la saga habían aparecido como unidades del Azote, traídos desde lo profundo de Azjol-Nerub junto con los ejercitos nerubianos.



Destructor de Obsidiana

Su siguiente aparición fue en las Ruinas de Ahn'Qiraj, en la primera entrega de World of Warcraft. Siendo estos esbirros de la raza Qiraji, ¿cómo es posible que hayan aparecido en ambos lugares: Azjol-Nerub y Ahn'Qiraj?

La respuesta está en que tanto Azjol-Nerub y Ahn'Qiraj están relacionados con dos instalaciones titánicas: Ulduar y Uldum, respectivamente.

Cuando una parte de los Aqir llegaron del sur a las tierras heladas de Northrend, luego de la guerra entre las tribus Troll y su raza, empezaron a atacar asentamientos Tol'vir que estaban en las tierras aledañas a Ulduar, tomando así posesión de su arquitectura, y esclavizando a la gente del lugar.

Con el tiempo la corrupción de Yogg-Saron habría de corromper las formas físicas de ambas razas, creando a los Nerubianos a partir de los Aqir, y a los Destructores de Obsidiana a partir de los Tol'vir.

En Wrath of the Lich King no hemos podido ver suficiente de Azjol-Nerub como inicialmente se proponía, pero quizás algún día podamos ver que hay más allá de los dos dungeons que tenemos hoy por hoy, y con suerte encontraremos algún indicio de lo que fueron los Tol'virs de Ulduar.

El resto es historia conocida. Cuando el Azote llegó a Northrend y tomó a los Nerubianos, también lo hizo con los Destructores. Y es por eso que los vimos en Warcraft III.

Ahora, ¿qué pasa con los Tol'vir en Uldum? De eso todavía no sabemos mucho. Lo que puedo decir es que hay al menos dos facciones involucradas: Los Ramkahen, que son una facción de reputación que interactúa con los jugadores (Posiblemente sean los que vendan las monturas de camellos, ¡viva!) y los de la "Ciudad Perdida de los Tol'vir", que es un nuevo dungeon para 5 jugadores. Estos son llamados Neferset (interesante nombre, significa "Belleza de la Muerte" en egipcio antiguo), los cuales son hostiles a los jugadores.

Los Tol'vir de Uldum se relacionan con los Destructores de Obsidiana que se encuentran en Ahn'Qiraj, pues esta ciudad era un laboratorio de investigación de los titanes, posteriormente tomado por los Aqir quienes fueron corrompidos por C'thun y conocidos hoy día como Qiraji.

Sabemos que los Ramkahen nos evían en contra de las fuerzas de Al'Akir, el señor del viento, quien parece querer esclavizar a los pobres hombres-gato.



También recientemente hemos visto una nueva versión de los Tol'vir, al parecer infectados con la "Maldición de la Carne" (hechizo de los Dioses Antiguos que vuelve a los construcciones titánicas en seres de carne y hueso).

Queda aún por ver si en Uldum existe un Dios Antiguo por descubrir, o si todo esto es un remanente de la influencia de C'thun.

Y ustedes ¿qué opinan, lectores?

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2 de abril de 2010

From the ashes, reborn!

Y si, acá con la amiga Mariana estábamos discutiendo acerca de Blogs y decidí que era hora de reavivar este :P
3 publicaciones, nada interesante... Es hora de ponernos al día!

Historia de Transfondo
Ya vendrán explicaciones acerca de esto, por ahora leer...

En el inicio de los tiempos solamente existía la tiniebla primordial. Desde las profundidades emergió un ser supremo, absoluto; superior al bien y el mal, a la luz y la oscuridad. De las tinieblas emergió Tupã.

Su colosal presencia desgarraba las tinieblas a medida que emergía, con él se estableció el balance. Había tanta luz como oscuridad.

Tupã observó el balance dual de su creación y pensó que debía otorgarse esto a sí mismo, y por ello de su propia alma creó a Arasy, quien sería su eterna compañera. Arasy, cuyo nombre mismo significa “Madre Celestial”, fue encomendada con la vigilancia del firmamento.

Ambos embriagados de amor, decidieron que el universo era un lugar demasiado grande como para ser habitado solamente por ellos dos, así que decidieron tener hijos.

Una brillante esfera azul se asomó por las cercanías y decidieron que sería la morada perfecta. Bajaron del firmamento y descendieron sobre la colina de Arigua.

Crearon todo lo que se conoce. Ríos, montañas, lagos, bosques… Animales voladores, terrestres, acuáticos. En todo esto reflejaron la belleza deseada por sus almas, pero Tupã seguía insatisfecho.

A orillas de un lago su rostro brillante se encuentra mirando a su propia imagen. En ese momento se percata del motivo de su insatisfacción. Necesitaba recrearse a sí mismo.

Tomó un poco de arcilla de la orilla del lago, la mezcló con sus aguas y varios materiales. Zumo de Ka’aruvicha, para brindarle sabiduría; sangre de Yvyja’u, la que correría por sus venas; hojas de Mimosa, que proveían el sentido del tacto y carne de Ambu’a, que le daría flexibilidad.

De esa mezcla surgieron dos figuras, una con el aspecto de Tupã y otra con el de Arasy. Las dejó secarse ante la luz de Kuarahy, el sol. El tiempo se detuvo; solo Tupã y Arasy podían moverse en el limbo de la creación. Un solo soplo de cada uno de estos seres insufló vida a las dos figuras.

Hombre y mujer habían sido creados.

El hombre primordial: Rupave, padre de la raza Americana, y la mujer primordial: Sypave, madre de la raza americana. Rupave fue encomendado con el liderazgo de la humanidad y con la misión de crear un pueblo fuerte y noble. Le fue entregado en fruto de Mbokaja, el cocotero. Sypave fue encomendada con el cuidado de los pequeños descendientes de la pareja y con la tarea de proteger la tierra en la que habitaban. Se le otorgó el fruto de Arasa, la guayaba.

Pero Rupave y Sypave no fueron la última creación de los dioses en la tierra. Otorgaron una libertad excepcional a estos dos; podrían hacer prácticamente lo que quisieran. Para que no se les olvide esto, Tupã creó a Angatupyry, el espíritu del bien y a Tau, el espíritu del mal.

La última acción de Tupã en este proceso de génesis fue recitar una profecía.

“Del mar llegarán, los vientos los traerán. No son dioses de nadie, no se dejen engañar. Respeto deben exigirles y a ellos respetar. Serán los que traerán un cambio a estas tierras. Son los Karaive”

Dicho esto se retiraron del mundo. La naturaleza estalló en colores y emoción. El universo volvió a girar en su eterna órbita.

Cumpliendo con la encomienda de Tupã, Rupave y Sypave tuvieron hijos.

Entre los varones el primero en nacer fue Tume Arandu, el gran sabio.

El segundo fue Marangatu, el bondadoso.

El tercero fue Japeusa, el que hacía las cosas al revés.

Tuvieron también muchas hijas, unas pocas fueron destacadas:

Guarasyáva, la nadadora; Tupinamba, la poderosa; Yrãséma, la música; y Porãsy, la bella.

Pasaron los años… Los hermanos se establecieron en los valles de la colina de Arigua y establecieron su pueblo en paz.

Luego de asentarse en Arigua el pueblo de Rupave y Sypave prosperó. Se establecieron varias távas o aldeas, y cada una era liderada por un Mburuvicha o cacique. La gente trabajaba y obtenía de la tierra lo que necesitaba para su subsistencia, respeta a los animales y las plantas como iguales; pero por otro lado, había quienes ansiaban un mayor poder…

Con el paso del tiempo los hijos de la pareja primordial fueron creciendo. Tume Arandu se convirtió en el más sabio de todos. Conversaba con el pueblo, y el pueblo oía sus enseñanzas. Marangatu por su parte tuvo una hija, a quien crió con su característica bondad y buena voluntad. Su nombre era Kerana, la durmiente. Todos los días se pasaba en sueños, despertando meramente para que los demás puedan admirar su belleza.

Guarasyáva nadaba en los ríos a gran velocidad, esquivando todos los obstáculos que se le presentaban en el camino. Tupinamba corría en los montes y luchaba contra animales feroces con su fuerza sin par para llevar comida a su gente. Yrãséma cantaba canciones melodiosas y tocaba música sin igual con su guitarra de porongo.

Y por último, Japeusa, seguía con sus acciones inversas. Siempre hacía todo mal. Todo mal incluso en un fatídico día, cuando su hermana Yrãséma cayó en cama enferma, enferma por tanto cantar algunos dicen. Su madre, Sypave, lo mandó a buscar plantas medicinales para aliviar el sufrimiento de la joven, pero Japeusa en su más clásico comportamiento trajo plantas venenosas, con las cuales selló para siempre el destino de su hermana.

Las notas que salían de su garganta nunca más volverían a sonar.

Avergonzado por sus acciones Japeusa huye de la aldea.

Tume Arandu en su infinita sabiduría pronuncia la voluntad de Tupã a la tribu, y ordena que se entierre a la joven en un tyvy, su tumba. Tupã encomienda al pueblo dar su propio tyvy a cada habitante de la tribu. De todas formas, esto era algo nuevo para todos. Era la primera vez que alguien de la aldea fallecía.

Con las palabras que le eran características, Tume ordenó que nadie persiga a Japeusa por lo cometido, ya tendrá suficiente con su propia conciencia.

Yrãséma tenía un gua’a, papagayo, que le había regalado su novio Jahari. El mismo animal fue quien avisó al muchacho de la muerte de su amada. Corriendo se dirige a la aldea.

Mientras esto sucedía la tribu encontró unos huesos en la playa, los huesos de Japeusa… Los dioses habían impuesto un castigo sobre él por sus acciones. De pronto algo empieza a moverse entre esos huesos. Un animal pequeño y redondeado empieza a caminar de costado, de manera diferente a todos los otros animales. A través de ese gesto característico supieron que Japeusa no había muerto, simplemente había adquirido una nueva forma. Un cangrejo.

Al llegar Jahari a la aldea, se encuentra desconsolado ante la tumba de su amada. Canta una canción a la joven y su cuerpo acompaña el destino de Yrãséma.

A pesar de la muerte de Yrãséma, la vida en la aldea continúa. Había quienes seguían las instrucciones de los dioses como se les había pedido, pero también estaban aquellos que deseaban algo más.

La gente de Tavapy, la primera aldea, de donde era nativo Jahari, quedó muy consternada por este acontecimiento reciente. La muerte era algo nuevo, para muchos interesante.

Entre los de Tavapy se creó el Cónclave. Una sociedad secreta dedicada a investigar a la muerte y a las fuerzas que rigen a la existencia humana. Tomaron el manto de la obscuridad y se hicieron llamar “Paye”.

Los paye descubrieron que la muerte estaba asociada con el mal en muchas ocasiones. La gente podía matar simplemente por venganza y odio, como lo hicieron los allegados de Jahari.

Guaykuru era el nombre que se daban estos. Al morir Jahari quedaron con un gran resentimiento hacia la familia de Japeusa e Yrãséma, y todo su pueblo. Así entonces formaron una alianza con los Paye y enviaban a asesinos a las aldeas.

Los Asesinos proveían de más muertos y los Payes otorgaban conjuros con los que ellos se hacían fuertes. Fueron juntando cadáveres para un propósito obscuro.

Invocaron a Tau, el espíritu del mal, para buscar venganza y castigar a todos los que fueron responsables por la muerte de Jahari.

Tau llegó al mundo en un vórtice lleno de almas caídas, apareció con la forma de un monstruo del averno. Se presentó ante los paye y allí les comentó que había estado observando todo desde el plano que habitaba y ya tenía una idea de cómo proceder.

Kerana, la hija de Marangatu era de su interés…

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18 de diciembre de 2008

World of Warcraft: Novelas

El Lore de Warcraft es uno de los mejores dentro de los MMORPG, y sus predecesores juegos de RTS. Ésto se ve reflejado en las novelas que pongo en descarga a continuación:









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Presentando

Kaiguehápe es el Blog personal de Enrique Bernardou.

El Blog trata de temas generales, desde videos graciosos, links de materiales de interés a anécdotas y pensamientos del autor.
Espero que lo disfruten y opinen en los temas.

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